ENFERMER@S QUE SALVAN VIDAS




No puedo donar sangre. Y no será por una aversión a las agujas, todo lo contrario. La razón, podría decir que se debe a una indeterminada infección hepática que tuve a los 20 años de edad. Cursaba 1º de Periodismo y había aprobado todas las asignaturas -siempre fui un alumno aplicado- y festejé el verano con los amigos en La Manga del Mar Menor. Copas y jolgorio sano, lo más normal en esa época. A la vuelta de ese viaje, enfermé una semana. Tenía 40 grados de fiebre y el análisis de sangre arrojaba unos preocupantes resultados. Los alterados niveles mostraban que algo no iba bien en mi hígado. Mi primer contacto en un centro sanitario fue con una enfermera. Vio mi cara amarilla y rápidamente avisó a un doctor. Posteriormente, me ingresaron una semana, me conectaron a un gotero y me vigilaron periódicamente hasta que superé la infección y sané.

Si no hubiese nacido en la Región de Murcia y lo hubiera hecho en otro punto del planeta, quizás, una simple Mononucleosis me podría haber llevado al hoyo. No dejó de ser tragicómico el momento en el que una enfermera me explicó que la Mononucleosis también era conocida en el argot médico como la 'enfermedad del beso'. Arguyí, claramente incómodo y sonrojado, que no me había comido una rosca recientemente, ustedes ya me entienden. Ella sonrió y me volvió a explicar que las vías de transmisión de una enfermedad de este tipo varían. Puede contraerse por un simple vaso que porta el virus e, incluso, por agua contaminada. Por eso no puedo donar mi cero positivo.

También padezco espondilitis anquilosante. Me la detectaron con 31 años, tras más de cinco años de dolores crónicos, que no se apagaban con corticoides vía intra venosa, ni con sesiones de fisioterapia y curanderos varios. Fue el reputado reumatólogo y ahora catedrático, Fernando López Prats quien, tras echarme un vistazo, aconsejó que me hiciera un análisis de sangre más específico. Quería saber si mi HLA-B27 era positivo. Y lo es. Eso indicaba el carácter hereditario de la enfermedad que padezco y que se detecta, especialmente, en gente joven. Fue una enfermera quien me explicó cómo pincharme semanalmente en el muslo, de manera que mi calidad de vida es de un 10 sobre 10 y ya no sufro dolores que me impidan mi normal actividad. Lo hizo con delicadeza -a mi no me gustaban nada las agujas-, con dulzura y con profesionalidad. Ya no tengo miedo a las agujas y me inyecto una medicación que me ha salvado la vida.

Dicho esto, no puedo evitar echarme las manos a la cabeza, cuando leo que 5 enfermeros/as tienen que cuidar en la Región de Murcia de 1.000 pacientes. Cuando el ratio de trabajadores en el sector sanitario es el más bajo de Europa y del país. No se puede jugar con esto. Nuestra salud, nuestro bienestar, nuestro dolor o nuestra curación de la enfermedad dependen directamente de estos profesionales del sector de la salud y toda iniciativa que lo haga visible es tan bienvenida como fundamental.

Por eso, el Sindicato de Enfermeros y Fisioterapeutas de la Región de Murcia (SATSE) explica a diario en los centros sanitarios la importantacia de la Iniciativa Legislativa Popular que va a llevar al Congreso de Los Diputados. 500.000 firmas para pedir que nuestros gobernantes regulen por ley el número de enfermeros, que tienen que atender a un número -asumible- de pacientes. Hablamos de no más de 3 pacientes en caso de Unidades de Reanimación Postquirúrgicas o Unidades Coronarias, por citar un par de ejemplos. Tenemos que equipararnos a Estados Unidos, donde en algunos de sus estados, como norma de hospitalización general, cada enfermero/a tiene a su cargo un máximo de 6 pacientes. En Murcia faltan más de 7.000 enfermeros, piénsenlo. Si tenemos el mejor Sistema Sanitario del mundo, debemos ser competitivos y emular a quienes hacen que la atención al paciente y su bienestar sean una prioridad. Eso se traduce en evitar muertes, o lo que es lo mismo, salvar vidas, aquí no caben los criterios economicistas. Ni los recortes, ni el ahorro de las administraciones. Nuestra salud está sobre la mesa.

Por tanto, solo podemos y debemos dar las gracias a SATSE por promover esa ILP. Es de Justicia y de máxima necesidad. Con la salud no se juega, al menos con la mía, no.

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Juan Máiquez

A sus 30 años ha hecho de todo en el mundo de la Comunicación y el Marketing. Con 22 años, fue editor de boletines informativos en una emisora a escala nacional en Madrid. Dio el salto a televisión con 24, donde hizo de reportero (sin dejar la radio) en lugares tan privilegiados como el Congreso de los Diputados, el Palacio de la Moncloa o el Senado. En Murcia, ha pasado por casi todas las secciones del periódico para el que escribe, La Opinión de Murcia, donde firma la contraportada todos los sábados con sus #CrónicasCanallas. Comparte espacio con el escritor y articulista de El País Juan José Millás. Ha publicado en libros de Sociología y prepara una nueva entrega editorial. Ha saltado al mundo del marketing con trabajos de locución para videos corporativos, ha vendido publicidad para una emisora de radio e, incluso, ha organizado una feria de vino en inglés en la provincia de Alicante. De hecho, tiene un blog en el portal americano www.examiner.com. Todo esto, sin abandonar su actividad periodística y su faceta como músico, escritor y radiofonista, parcela en la que tiene un posgrado.

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